El filtro de la bandera francesa en Facebook

¿Indignación selectiva o solidaridad colectiva?

Con motivo de los atentados del 13 de noviembre la compañía Facebook adoptó por primera vez una opción pionera: el filtro de la bandera francesa sobre la foto de perfil como muestra de solidaridad con las víctimas del atentado terrorista de París. Al alcance de un solo click, Facebook pronto se llenó de rostros tricolores en señal de duelo.

Ante este gesto, en apariencia irreprochable, enseguida surgieron algunas voces críticas que denunciaban el eurocentrismo escondido tras esta acción llevada a cabo por la compañía. Así de tajante fue la periodista de Independent, Lulu Nunn, en esta nota largamente compartida en la red: “Got a French flag on your Facebook profile picture? Congratulations on your corporate white supremacy”– rezaba su titular. Nunn denunciaba que en Occidente estamos tan acostumbrados al eurocentrismo que estamos dispuestos a aceptar iniciativas de grupos corporativos disfrazadas de solidaridad sin cuestionarnos el resto del contexto.

¿Se trata entonces de una elección selectiva de la compañía y de los usuarios? Y si lo es, ¿es un pretexto para atacar una muestra de solidaridad, sea del carácter que sea?

La mayoría de los argumentos critican que no se adoptara una opción similar en el atentado perpetrado por el mismo grupo terrorista tan solo un día antes en Beirut donde fallecieron más de cuarenta personas. Decía la escritora Ludmila-Leiva en su articulo “Why I’m Not Overlaying My Facebook Profile Photo With The French Flag”: “Comparada con la amplia cobertura de Francia, la tragedia en Beirut no incitó los mismos sentimientos de rabia y compasión. Y así se mostró en Facebook, donde la bandera libanesa no estaba disponible en la elección de marcas de agua”.

Tampoco se puso en marcha en ese caso el botón de Safety Check que sí se activó en los atentados de París. Ante las críticas, Mark Zuckerberg respondió: “Hasta ayer nuestra política consistía en activar solo el Safety Check en caso de desastres naturales. Acabamos de cambiarla y estamos planeando activar Safety Check para más desastres humanos”.

Zuckenber france

Zuckerberg fue uno de los primeros en adoptar la bandera francesa en su perfil de Facebook.

El choque emocional que produjeron en la sociedad los acontecimientos del 13 de noviembre llevó a millares de personas a cambiar su foto de perfil con esta opción. Una herramienta que, aunque nueva, ya había surgido con formato similar pero con la bandera multicolor gay que se propuso para apoyar la adopción del matrimonio homosexual en Estados Unidos. Pero tras los atentados de París fue la primera vez que se realizó con los colores de la bandera de una nación y algunos colectivos han interpretado el gesto como imperialista. Para algunos argelinos la medida trae de vuelta al fantasma de la colonización francesa que tuvo lugar en país durante 132 años. Así lo recoge el diario digital Rue 89: “Si hay que apoyar a las víctimas con una bandera, yo publico la argelina, visto que soy una víctima”, escribía un usuario en Facebook. En el otro lado, opiniones como la de esta argelina que recibió críticas tras cambiar su foto de perfil por la tricolor: “Es mi deber como argelina, libre de ustedes y de los otros, mostrar mi solidaridad, mi amor y mi determinación por conseguir la paz”.

Soutien france

Captura de Pantalla de Facebook

Ante esta ya denominada “Guerra de banderas” algunos portales como Luna Pic reaccionaron rápidamente creando una aplicación en la que puedes fundir tu foto de perfil con banderas de otros países.

El neurocientífico Romain Legneul se interrogaba acerca de la influencia de las redes sociales en la orientación de nuestros comportamientos políticos en el periódico francés Rue89: « El simple hecho de que Facebook nos proponga cubrir nuestra foto de un tinte azul- blanco- rojo facilita enormemente la decisión del usuario de adoptar este código de colores en reacción hacia los atentados de París ». El experto opina que para una correcta respuesta de la sociedad francesa ante esta agresión « es esencial permanecer lúcidos en cuanto a la manera de la que se construye y se orienta la opinión pública en las redes sociales y, por lo tanto, Facebook ».

Así lo alertaba también el periodista Èric Lluent en su controvertido artículo « El peligro de ponerse la foto de perfil con el filtro de la bandera francesa » en el que hablaba de la manipulación por parte de los grandes medios de comunicación construyendo en el imaginario ciudadano « muertos de primera y muertos de segunda »: « El silencio que impera o la frialdad a la hora de exponer cifras de muertos cuando se trata de un atentado que ha tenido lugar en el conocido como Mundo Árabe contrasta con el dramatismo de la exposición cuando se trata de un atentado en territorio europeo o norteamericano ». Y tras este artículo que se convirtió en viral en las redes españolas, días después se vio obligado a publicar un segundo en respuesta a los insultos y amenazas. El título fue así de explícito: « Soy un terrorista, un insensible y, además, un puto catalufo de mierda ». « ¿Cómo una persona en su sano juicio puede acusarme de no respetar el duelo por las muertes de la capital francesa cuando lo único que digo es que se respete el duelo por todas las víctimas del terrorismo y que Facebook no las discrimine? », se preguntaba Lluent.

Esa noche, como tantas veces al día abrí mi Facebook, sobre todo para ver la reacción de mis colegas franceses y de gran parte de mis amigos que no son franceses pero que, como yo, han convivido con sus gentes y costumbres. Para ese entonces, sobre las 11 de la noche, una gran cantidad de mis contactos ya habían customizado su foto de perfil con esos tres colores. Y en ese momento Facebook me preguntó si yo también quería solidarizarme con las víctimas de París como esos 70 amigos que ya lo habían hecho. En ese instante ni se me pasaron por la cabeza los cuestionamientos éticos que me planteé después, ni muchos menos las connotaciones imperialistas, racistas, colonialistas o capitalistas que se han interpretado en este acto. Y yo, que prefiero expresarme primero con las palabras escritas incluso que con la voz o la imagen plasmé mi mensaje de pura conmoción, salido del corazón y quizá ya condicionado por esos tres colores de la discordia que se habían plasmado en mi retina sin darme cuenta:

facebook paris

Captura de pantalla en Facebook

Críticas cruzadas, guerra de banderas pero, al fin y al cabo, un sentimiento casi unánime. Un hecho insólito sobre el que, por supuesto, hay que plantearse muchas cuestiones para actuar con una mira crítica hacia aquello que nos ofrecen las redes sociales y que se hace factible con un solo click. Muchas fueron las voces críticas en la red, pocas las que defendieron la acción. De todas formas es una opción tan personal que no necesita ser defendida.

No es algo admirable, ni extraordinario, ni ayuda directamente a nadie. No te hace mejor persona, ni más solidario. Ni tampoco menos solidario con los demás. Tampoco lo considero desdeñable. Es simplemente una manera más de comunicar en una era en la que no solo utilizamos la palabra para expresar nuestras emociones. El dolor de las familias, de los amigos, de los cercanos, de cada víctima es el mismo aquí, que en África, que en París, que en Estados Unidos, que en Raqqa. Hay tantas formas de expresar el duelo como individualidades y precisamente esta acción dio una manera de expresar un sentimiento común a millones de personas. Más personal que el “Je suis Charlie”, más concreto geográficamente que el “Ce n’est pas l’Islam”, más comprometido que el “#nofilter”. Algo excepcional y contradictorio: una forma unificada de expresar algo tan individual como el dolor.

Y sí. Yo fui una de esas millones de personas que, con todo, cambió su foto de perfil a la filtrada con la bandera francesa. No me sentí mejor cuando lo hice, ni peor en el momento en el que saltaron las críticas. Pero sí que encontré que mi solidaridad había encontrado respuesta en un acto masivo, como participar en una manifestación, como apagar todas las luces durante un minuto, como llenar de tres colores una red social. Y luego me dio miedo darme cuenta de que había pasado a formar parte de ese rebaño, pero no vi nada de malo en el asunto, los borregos nos habíamos unido defender uno de los valores más importantes: la solidaridad.


Viaje circular

Tengo 22 años y todavía no tengo el carnet de conducir. Y es que el autobús urbano es una fuente de recreación y de inspiración enorme.

Ayer, en un mismo autobús, se juntaron casi todos los factores que hacen que un viaje Tuzsa sea cuanto menos entretenido. Casi, porque esta vez faltaba uno de mis personajes preferidos: el típico bebé simpaticón en carrito que se gana a todos los viajeros mientras se escuchan en estéreo las saetas de los relojes biológicos de algunas (servidora) y se les ve el plumero a algunos abuelos (generalmente de género masculino) que quizá nunca lo hayan sido. Delante de mi asiento la escena promete: dos niñas y una mamá, la más pequeña demasiado insolente así que cambio de canal. Varios hombres se apiñan en el centro del autocar cuando sube una tía buena. Nada más entretenido que observar como al pasar ella, uno de ellos (que yo vea) baja la mirada hacia su trasero. Lo más divertido es asegurarte de que el sujeto en cuestión atraviese también contigo una mirada y un mal trago de “Te he pillado muajaja”. No siempre hay que hacer rabiar a los hombres. A veces se puede montar todo un romance de miradas que se evapora en la siguiente parada.

Luego están los “personajes”. Ayer, por ejemplo, un señor mayor que se entretenía en ceder su asiento a personas más mayores que él que subían sin cesar. Y aquí es cuando peor lo paso. Por eso siempre me coloco en la parte trasera del autobús, para no ser la causante de que una persona mayor se quede sin asiento. Y eso que la mayoría de las veces deberían catalogarme como embarazada trasera debido a mi apéndice lateral (mega bolso) y trasero (super mochila). Sea como sea, tengo un trauma con los ancianos y el autobús. Una mañana muy temprano iba en la parte de atrás del 32 cuando una anciana se subió y a los dos segundos cayó al suelo, no le dio tiempo ni a sentarse. Ahora cada vez que suben mayores, velo desde la parte de atrás porque se agarren rápido y encuentren asiento. Es una especie de obsesión. También va de caídas el momento más surrealista que he vivido en un autobús. Fue cuando una señora se lanzó en marcha. Sí.  “¡Vaya José, que esta es nuestra parada!” Demasiado tarde. La puerta ya se está cerrando pero José mete el paraguas.  La puerta al detectar algo se queda abierta. José aprovecha para saltar cuando todavía está arrancando por lo que tiene la suerte de caer a salvo. Su esposa le emula a cuando el vehículo ya está completamente en marcha. Resultado: una ostia muy chunga. Una auténtica locura que no se me habría ocurrido ni a mí con un cuerpo de 20 años. Seguro que supuso una dura recuperación para la señora de 50.

Pero el bus no siempre es “Hospital Central” sino más bien “El club de la comedia”. No es buena idea reírte a carcajadas delante de la gente, pero ante personas tan entrañables como estas… está justificado. Bueno que ayer no me pude resistir.

Dos parejas de unos 65 años. Una va a bajar:

–          ¿Vas a cenar?- le dice la mujer sentada al señor que baja.

–          Un racimico de uva- contesta él como pidiendo permiso a su señora.

–          ¡Bien! ¡No le daré nada!- contesta ella.

–          ¡Ponle bozal!- le sugiere su amiga- ¡Ponle un candao en la nevera!

En fin, la guinda de mi viaje. Una guinda que seguramente el pobre hombre no probaría, al menos anoche.


“Gangnam Style”, un fenómeno viral

¿Quién no ha oído, visto o bailado todavía el “baile del caballo”?

Como era de esperar, el vídeo de “Gangnam Style” alcanzó el pasado 21 de deciembre 1000 millones de visitas en Youtube, aunque ya se había convertido en el vídeo más visto de esta plataforma el 24 de noviembre desbancando a Justin Bieber y su single “Baby”.

Desde que el vídeo se colgó en Youtube el 15 de julio, su popularidad se ha expandido rápidamente, convirtiéndose en uno de los mayores vídeos virales de la historia.

La canción

El protagonista del vídeo es Psy, un cantante y rapero koreano, popular por su sentido del humor y sus peculiares pasos de baile. La canción que balbuceamos en occidente, escrita en koreano, trata de la historia de un flechazo, un amor a primera vista. En el estribillo Psy se autoproclama como “tu chico de estilo Gangnam”: “Oppan Gangnam Style”. Este estilo hace referencia al distrito de Gangnam, en Seúl, un opulento barrio de la capital. En varias ocasiones se ha relacionado la canción con una crítica al materialismo y la arrogancia de este barrio, algo que Psy siempre ha desmentido: “Just FUN!”, confesaba el cantante en un chat con sus fans.

El “baile del caballo”

Y precisamente lo divertido de su baile es lo que le ha hecho tan famoso. El paso del baile del caballo se ha convertido en un ineludible de las pistas de baile de muchas discotecas. Es fácil, divertido y asequible: en Youtube algunos tutoriales como este te enseñan a bailarlo paso a paso.

"El baile del caballo" de Psy en "Gangnam Style"

“El baile del caballo” de Psy en “Gangnam Style”

El efecto copycat de “Gangnan Style”

Esta música pegadiza ha dado lugar a un efecto copycat reflejado en centenares de vídeos. Los koreanos fueron los primeros en ponerse manos a la obra y nos han dejado parodias como esta, el “Hongdae Style”. El efecto se trasladó inmediatamente a occidente, por ejemplo, con una versión londinense, “London Style”. En los Estados Unidos la repercusión ha sido muy fuerte y se han realizado numerosas adaptaciones como la del desfile universitario de Ohio, la preferida de Psy. También en nuestro país se han realizado versiones paródicas del “Gangnam Style”, la más conocida es “En el paro estoy”, con más de 4 millones y medio de visitas, que satiriza la situación actual del país.

Psy tampoco podía faltar en las parodias de “Oregón Televisión”. En la gala especial de Nochebuena de Aragón Televisión los comensales se levantaron de la mesa para bailar el particular “Oregón Style”. En el programa de televisión “Tú cara me suena”, Santiago Segura se convirtió por unos minutos en el rapero koreano.

Santiago Segura ganó la octava gala de “Tu cara me suena” imitando a Psy

Pero el Psy verdadero, la versión koreana, estuvo presente en la fiesta de fin de año en uno de los mayores escenarios del mundo, en el de Times Square. Los que no estaban en el concierto neoyorquino, seguramente también escucharon esta pegadiza melodía. En bares, fiestas, cotillones o discotecas, el “baile del caballo” no paró de sonar. También en las casas la gente lo bailó e incluso se atrevió a cantarlo. La canción de Psy fue la más cantadas esta Noche Vieja en el karoke online Lucky Voice.

El efecto viral continúa

“Gangnam Style” es un vídeo que sin duda gusta (ha ganado el Record Guinness como el vídeo que ha obtenido más votos favorables en Youtube) o que es, cuanto menos, pegadizo. Esta característica lo ha convertido en un vídeo viral. Por eso, Psy, cansado de la popularidad de este hit, está pensando en sacar al mercado un nuevo single. De momento, parece que aún queda un tiempo de “baile del caballo” y de “Oppa” en Internet, en los medios, en las discotecas y en los hogares.


José Ramón Marcuello: un paseo por la historia del periodismo

El periodista aragonés contó a los alumnos de Periodismo de la Universidad de Zaragoza cómo ha evolucionado el oficio

 

El periodismo ha cambiado mucho en los últimos 40 años. De la falta de libertades del Franquismo, se pasó a la ilusión de la transición y luego, a la consolidación de la prensa en la democracia. José Ramón Marcuello es un periodista que ha ejercido el oficio en estas tres etapas, una fuente de la que emanan décadas de experiencia. Experiencias que el periodista aragonés, bien activo a sus 65 años, compartió con los estudiantes de Periodismo de la Universidad de Zaragoza.

José Ramón Marcuello y María Gómez Patiño

El periodista José Ramón Marcuello y la profesora de la Universidad de Zaragoza María Gómez Patiño

La generación del cambio

Marcuello pertenece a una generación muy distinta a la de los alumnos que se forman ahora en las aulas. La suya y la todos los niños que nacieron en los años 40 y 50  es una generación de cambio. “Somos hijos de contradicciones: no teníamos ninguna libertad pero teníamos inquietudes porque habíamos estudiado y leído- dentro de lo que podíamos leer”, aclaró Marcuello explicando a los alumnos el control de las letras en España. La vigilancia Franquista se ejercía también en los medios de comunicación, limitados a los oficiales. Sin embargo, frente al control nacían algunas alternativas clandestinas como Radio Pirenaica que emitió para nuestro país entre 1941 y 1977, primero desde la URSS y después desde Bucarest. Fue una emisora del PCE, pero acabó convertida en la voz de la esperanza antifranquista. Muchos jóvenes de esa época, aunque crecieron en el seno de una sociedad Franquista, eran conscientes de que otra realidad podía ser posible. “Conservo como oro en paño la radio de madera de mi madre. La recuerdo tapada con una manta escuchando Radio Pirenaica”, recordó Marcuello.

Periodismo y lucha

La generación de este veterano periodista fue la primera en acceder masivamente a las aulas. “La mayoría de nuestros padres apenas habían podido estudiar y lo que más deseaban es que nosotros tuviéramos acceso a la educación”, confesó. Marcuello, con vocación periodística desde niño, estudió en la Escuela Oficial de Periodismo que estaba situada situada en la parte trasera del Ministerio de Información y Turismo. Es un ejemplo del control que se ejercía por parte de la Dictadura sobre los medios, sometidos a una fuerte censura previa. Aunque este control llevaba a situaciones paradójicas: “Arriba, el periódico de la Falange, tenía la tropa más grande de periodistas infiltrados”, confesó Marcuello con una sonrisa perspicaz. En 1966, con la ley Fraga “fue casi peor el remedio que la enfermedad”, sentenció el informador. Con ella, desaparece la censura previa pero aparece el secuestro que implicaba una multa y la retirada del periódico. Por ejemplo, Andalán, la revista zaragozana aragonesista en la que participó Marcuello fue secuestrada tres veces. Tras la muerte de Franco, aunque la Transición trajo las libertades teóricas que tantos añoraban, el 23 F dio un vuelco al corazón de los redactores de Andalán. “Lo primero que hice fue sacar todos los archivos de los suscriptores, recordó Marcuello. Si el golpe hubiera tenido éxito, hubieran encontrado “el archivo de unos 6000 rojos”.

Los Gabinetes de Prensa en la Transición

“Durante la transición en un Gabinete era fundamental el entusiasmo: pudimos volcar la anhelada libertad de prensa, teníamos el sentimiento de contribuir a la democracia”, dijo Marcuello recordando su etapa en el Gabinete de Prensa del alcalde de Zaragoza, Ramón Sáinz de Varanda. “Éramos como los hombres del presidente”, bromeó el periodista, ilustrando la comunión que existía entre el alcalde y el gabinete. El contacto con la institución a la que se representaba era muy directo algo que, según Marcuello, es ahora más raro pues, con la consolidación de la Democracia, ya no se interactúa tanto con los políticos. El Gabinete de Prensa estaba formado solo por Marcuello y la secretaria a la que dictaba los comunicados. Un periodista daba a basto para ocuparse de toda la comunicación de la institución incluso a veces había que sacar noticias de donde fuera, “sacar pelos de la calavera”. Según Marcuello, en la Transición los medios de comunicación todavía tenían un sesgo Franquista, herencia de esta larga etapa de Dictadura. “Nosotros teníamos un sentido profundamente militante, en el sentido más laxo, profundamente democrático”, dijo el periodista recordando el entusiasmo con el que defendían la institución en la que creían y los ideales que querían que siguiera.

Una situación irrepetible

José Ramón Marcuello revivió con añoranza la época de la Transición, en la que el periodismo dio rienda suelta a su vocación informativa. “Aquella situación es irrepetible, aunque deseo que nunca tengáis que trabajar en una Dictadura”, dijo el veterano periodista a sus futuros compañeros de gremio.

Con la ronda de preguntas se abrió el debate del cambio del periodismo: su cada vez más acuciante dependencia de las instituciones y mercados. “Hemos ganado unas cosas y hemos perdido otras”, sentenció la organizadora del coloquio y profesora de Comunicación Corporativa María Gómez Patiño. Por eso, hay que poner más empeño que nunca en seguir luchando por este oficio, el Periodismo.


Abstracción

Hoy quisiera ser como esa señora que sonríe a la paloma. Absorta en sus pensamientos, una paloma sobrevoló justo encima de su pelo y ella volvió a reír. Porque ya estaba sonriendo.
Estaba absorta porque se había abstraído de lo que la rodeaba hasta que una paloma la despertó. Y a pesar de que en su abstracción sonreía, ha vuelto a sonreír.
También hoy he aprendido que la palabra “abstraer” es más común de lo que pensaba. Hasta un Erasmus alemán la conoce. Y si es un verbo tan común, ¿por qué no sabemos llevarlo a la práctica? No será porque no lo deseemos.
Quiero desaparecer por un momento, quiero convertirme en polvo, en paloma y volar a otra parte por un instante… Creo que a muchos nos pasa. Yo a veces desearía largarme a ese lugar en las nubes que guardo en mi imaginación para hacer las cosas que no me atrevo en la realidad. Ese lugar sin repercusiones, donde no existen las consecuencias. Pero cuando quiero abstraerme no es para hacer nada “prohibido”. Simplemente quiero subir a la sala de espera, a la sala de pasos perdidos. A esperar en la nube hasta que pase la tormenta. O hasta que el próximo aguacero me arrastre de nuevo a la tierra.


Extremoduro: de la hiel al azúcar

La luna que tanto busca Extremoduro iluminaba el recinto Miguel Ríos el pasado sábado. Un toque de magia para un espectáculo que muchos perciben como mágico por sí solo.

Esta vez la luna no andaba sola y además estaba llena. Llena como el concierto del mítico grupo de “rock transgresivo” en el Festival En Vivo en Rivas Vaciamadrid.

Público de Extremoduro en el En Vivo- Tom Hagen

Público de Extremoduro en el En Vivo- Tom Hagen

El concierto empezó abriendo los brazos, la boca y hasta el corazón. “Ama, ama, ama y ensancha el alma”, nos mostró la cara de la banda de siempre con este precioso poema de Manolillo Chinato que pone los pelos de punta y que unió al público en un abrazo fraternal. Y abrazados se quedaron gran parte de las dos horas de concierto. Los temas de los últimos discos- “La ley innata” (2008) y “Material defectuoso” (2011)- más concebidos para el deleite que para los pogos, imperaron en el espectáculo.

Muchos de sus seguidores “de toda la vida” no parecían muy contentos, querían un poco más del resto de los discos que, desde “Rock transgresivo” (1989), da para mucho. Y lo tuvieron, pero con cuentagotas. “Sucede”, “Cabezabajo”, “No me calinetes que me hundo” o, sorprendentemente, “Abre el pecho y registra” levantaron el ánimo de los más clásicos. Y, por supuesto, tampoco faltaron algunos de los temas que han marcado la adolescencia y juventud de toda una generación. “Salir”, “Puta”, “Stanby” o “La vereda de la puerta de atrás” emocionaron al público del Miguel Ríos, casi sin excepción. Canciones que ya se han convertido en himnos y en las que la gente saltaba, se abrazaba, gritaba en el oído del compañero. Aún con todo, faltaron algunas de las imprescindibles como “So payaso” o “Jesucristo García”.

Pero para no tropezar en este “camino empedrado” también hay que saber renovarse, actualizarse. El Extremoduro ácido o amargo de los viejos tiempos ha dejado paso a una banda mucho más edulcorada. Un cambio de sabor pero no de esencia.

El Robe y Uoho en el En Vivo- Tom Hagen

El Robe y Uoho en el En Vivo- Tom Hagen


Silencio

“He vuelto”, “Esta vez va en serio”, “Me he quedado sin excusas”. Y precisamente estás poniendo una. Para algunos escribir es una necesidad, una vía de escape. Para otros, una obligación. Para otros, una fuente de ingresos. Y para muchos un placer o un simple pasatiempo.

Pero, ¿por qué poner excusas entonces? En realidad, escribir es plasmar tus pensamientos (o como hacemos muchas veces, los pensamientos de otros). Si no tienes pensamientos ingeniosos, ¿por qué vas a plasmarlos en papel? O lo que es peor, en un blog abierto a todo el mundo… Y, ¿por qué no? Porque no es una lectura obligatoria de primaria y, quizá por eso, te entren ganas de leerla. Así que, puedes leer mi mierda, puedes darle a cerrar, puedes leer mis reflexiones, puedes leer mis tonterías. Depende de como lo mires, depende de como lo leas.

A veces los “me he quedado sin excusas” nacen del miedo al silencio. A mi me invade el silencio cuando no quiero escribir mis pensamientos, siempre por la maldita pereza o porque simplemente no tengo nada que decir. Pero no tengo miedo a mi silencio, tengo miedo al silencio de los otros. Ni me va ni me viene. Ni me gusta, ni me disgusta. Lo dejo en la primera línea. Pero si has llegado aquí ya no estás callado. Ya no hay silencio.

Gracias por ese murmullo.


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